Donde la historia romana se vive en la calle
Hacia el año 305 d.C., el emperador romano Diocleciano eligió las soleadas bahías de la Costa Dálmata para erigir su grandioso palacio de retiro. Con mármoles importados de Grecia e Italia y esfinges de granito oscuro traídas directamente del Egipto de los faraones, se levantó una fortaleza monumental a orillas del cristalino mar Adriático.
Siglos más tarde, tras la caída del Imperio y la destrucción de la cercana Salona, los habitantes de la zona buscaron refugio tras los imponentes muros defensivos de la fortaleza. Lejos de convertirse en un museo inerte, el palacio evolucionó orgánicamente hasta transformar sus aposentos, pasadizos y templos en una vibrante ciudad habitada: la mágica Split.
Pasear hoy por Split es caminar sobre calzadas de piedra caliza pulidas por los milenios. Es desembocar en el imponente Peristilo, sentir el frescor de los soportales románicos, subir a lo alto del campanario de la Catedral de San Domnio, salir por la Puerta de Oro para encontrarse con la estatua de Grgur Ninski y terminar el día contemplando el atardecer en el animado paseo marítimo Riva, mecido por las palmeras y la brisa marina.
Estas 52 fotografías forman un cuaderno de viaje visual que captura la luz dorada de sus piedras, el murmullo de sus terrazas y el reflejo infinito del Adriático.